La dependencia emocional en la pareja: cómo romper ciclos dañinos tras una ruptura
Regalos, detalles, llamadas telefónicas, mensajes y una constante atención hacia la pareja suelen ser vistos como demostración de amor, pero cuando todos esos cuidados tienen su origen en la angusta por perder a la otra persona y como manera de control para evitar que se vaya, podría estarse en el terreno de la dependencia emocional.
Aceptar que existe dependencia hacia otra persona requiere de un trabajo interno que puede verse motivado por el sufrimiento en los vínculos de pareja. Es decir, si a pesar de todo lo que nos esforzamos en la relación seguimos sintiendo que no es suficiente y temiendo a cada instante el abandono de la otra persona, quizás sea momento de emprender acciones en busca del bienestar emocional.
En estudios recientes realizados por la Revista de Psicología y Educación de Europa y la Revista Iberoamericana de Psicología y Salud se describe que la dependencia emocional en la pareja puede reconocerse a través de una serie de señales persistentes que afectan la autonomía y el bienestar personal.
Según la Revista de Psicología y Educación, algunas de las señales más habituales incluyen la búsqueda incesante de validación por parte de la pareja, la dificultad para tomar decisiones de forma independiente y el temor intenso a la soledad.
El estudio también señala que la renuncia a proyectos personales y la idealización de la pareja, incluso ante conductas dañinas, forman parte del cuadro característico de dependencia emocional.
Investigadores de la Revista Iberoamericana de Psicología y Salud coinciden en que la presencia de celos desmesurados, sumada a una ansiedad constante sobre el estado de la relación, puede indicar una falta de límites personales y una tendencia a sacrificar el bienestar propio.
Esto no es dependencia emocional
Ahora bien, es importante destacar algunos rasgos de situaciones de pareja que no indican dependencia emocional y que, por el contrario, se enmarcan en el terreno de un vínculo sano:
Disfrutar del tiempo compartido: Valorar y buscar momentos juntos forma parte del vínculo afectivo, siempre que no se acompañe de ansiedad o miedo a la separación.
Preocuparse por el bienestar del otro: Sentir interés y cuidado por la pareja, sin que implique anular las propias necesidades.
Buscar consenso en decisiones importantes: Consultar o negociar asuntos relevantes de la vida en común, respetando la autonomía de ambos.
Sentir tristeza tras una discusión o distanciamiento: Experimentar emociones negativas ante conflictos o alejamientos es natural y no necesariamente implica dependencia.
Desear la aprobación de la pareja en algunos temas: La búsqueda ocasional de reconocimiento o apoyo emocional es parte de la dinámica de pareja, mientras no se convierta en una necesidad constante y exclusiva.
Extrañar a la pareja: Echar de menos a la pareja durante ausencias temporales es común y no implica dependencia si no genera malestar persistente ni bloquea la vida cotidiana.
Ofrecer apoyo mutuo: Ayudarse y acompañarse en momentos difíciles es parte de una relación equilibrada, siempre que no suponga renunciar a los propios proyectos o valores.
Fuente:
Infobae México

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